lunes, 7 de marzo de 2011

Escogimos mal los clásicos

Permítanme empezar por introducir mi ángulo. Soy un historiador, para lo que eso valga, y en el imaginario colectivo eso sólo significa una cosa: historia magistra vitae. En palabras mas coloquiales: mi trabajo es básicamente recordarles a todos de los datos enciclopédicos del pasado, tales como datos, fechas, eventos, vidas ejemplares, etcétera, y así para que el resto de la raza humana no repita los errores del pasado… Zzzzz ¡Güeva! Pero en fin, si eso es lo que pide la sociedad de mi oficio, que así sea.

Con lo previamente dicho, permítanme explicar la crisis que gira en torno a la democracia, explicando sus orígenes.

Solón, un aristócrata venido a menos, por ahí del año 590 a.C. se le ocurrió una solución al problema al cual se enfrentaba la sociedad Ateniense de su época. Verán, el problema era que los atenienses mandaron a todos los pobres al exilio -como muchos de nuestra sociedad sin duda se han imaginado y anhelado, pero aprendan algo del pasado-.

Una vez que esto ocurrió, Atenas entró en crisis porque no había nadie que pudiera cultivar los campos, ni hacer la comida, ni lavar la ropa, ni cuidar los jardines, y por supuesto que los aristócratas no iban a hacer todo eso. La democracia tuvo que ser instaurada para regresar al orden natural de las cosas, a base de varias reformas que no mencionaré en este ensayo para su mayor goce.

Si pensamos bien, nosotros no hemos expulsado a nuestros pobres -a pesar de que ganas no nos han faltado-, entonces ¿por qué tenemos que seguir un sistema democrático que claramente no nos funciona (por obvias razones históricas)? Hay miles de otros sistemas de gobierno que se adaptan mucho mejor a nuestra situación actual, por ejemplo:

La Tiranía y la Dictadura: es cuado un individuo toma el poder absoluto de la política, ya sea por usurpación o aclamo popular. Las claras ventajas de este sistema son la instauración de la trasparencia política, tú sabes quién es el que manda y porqué toma las decisiones que toma, es decir, porque se le antoja. Otro punto a favor es el recorte de burocracia, todos ganamos, ¡esto si es un gobierno fiscalmente responsable! Para nuestro ejemplo histórico tenemos al Rey Minos: amaba a los animales tanto que su hijastro era mitad toro; fue un tipo al que le encantaban los acertijos, así como un gran artista.

El Absolutismo: es un sistema monárquico parecido al anterior, pero con el prestigio de una familia real que podremos importar desde Mónaco -así por fin saldremos en la portada del Hola-. Miren, en México siempre hemos querido ser un Imperio –ya lo intentamos dos veces, la tercera es la vencida- y además, todas esas fiestas socialité tendrían un enfoque prestigioso, y no sólo servirían como catálogo para secuestradores. ¿Se imaginan tener una corte mexicana al estilo Luis XIV?

Despotismo Ilustrado: Y si nos queremos ver muy avanzados, ¿Por qué no un sistema de gobierno que mate a todos lo que no sean racionales? Voilà, dos pájaros de un tiro, te deshaces de todos los pendejos y haces control poblacional que le falta tanto a la ciudad. Así, a la Robespierre con un tinte Kantiano este sistema no puede fallar.

Éstos sólo son unos pocos ejemplos de los sistemas de gobierno que tiene el pasado para ofrecernos. Entonces, ¿qué les parece si nos organizamos y votamos por el que más nos convenga, vale?

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